padel y traicion
La verdad, no podía estar más feliz. Mi nombre es Pablo y acabo de terminar la carrera de medicina, un sueño que tenía desde que era chico. Pero la alegría no venía solo del título, sino también de la compañía. La conocí a Celeste en la facultad, una piba de carácter fuerte que siempre estaba dispuesta a saltar contra las injusticias, especialmente cuando se trataba de abusos. Llevábamos juntos desde segundo año de la carrera, y era increíble cómo habíamos crecido juntos tanto en lo académico como en lo personal. Yo era un pibe promedio, no destacaba físicamente en nada, pero siempre había sido buena persona. Y eso fue lo que atrajo a Celeste. Ella, por otro lado, era bajita, medía un metro cincuenta, tenía el pelo castaño y unos ojos miel que te mataban. Tenía un cuerpo impresionante: buenos pechos y una cola bárbara. Era una suerte que estuviera conmigo. Celeste y yo habíamos desarrollado una pasión compartida por el pádel. Jugábamos seguido en un complejo a las afueras de...